Elecciones fallidas y oposición democrática
A raíz de los comicios
celebrados ayer en 14 estados de la República, más de mil 300 políticos
desprestigiados en breve estrenarán sus cargos a partir de procesos
electorales manchados por una larga sombra de irregularidades. Ante esta
debilidad originaria en su legitimidad, la clase política apostará una
vez más a las limosnas neoliberales y a la
unidadpolítica para sanear las heridas. También se buscará prevenir las expresiones de descontento social por medio de la intimidación y la cooptación de la oposición.
Pero los acontecimientos recientes en Egipto, Turquía y Brasil
enseñan que este tipo de estrategias están destinadas al fracaso. En
aquellos países ha quedado claro que la mera celebración de elecciones
populares no resuelve el reto más profundo de la legitimidad
democrática. Cuando un gobierno no toma en cuenta las necesidades
ciudadanas y los canales institucionales para expresar el descontento
fallan, el resultado inevitable son las movilizaciones sociales y la
inestabilidad política.
Lo verdaderamente importante para el avance de la democracia no es la
supuesta efectividad tecnocrática gubernamental o el cumplimiento de
compromisosvacíos, sino la fortaleza de la oposición política. En Egipto, las movilizaciones han tenido el enorme éxito histórico de derrocar a dos presidentes autoritarios, neoliberales y serviles a Estados Unidos, pero no han podido articular un renovado poder ciudadano capaz de imponer nuevas coordenadas a la política nacional. Siguen mandando las fuerzas armadas y continúa enquistada en el poder la vieja burocracia autoritaria.
En Turquía, la incapacidad de la oposición partidista, al gobierno
derechista y conservador del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, de
vincularse con la sociedad civil y articular un polo opositor generó un
enorme vacío político que se desbordó el mes pasado. En Brasil, el mismo
alejamiento de la clase política de las necesidades y las demandas
sociales creó una situación también explosiva. Si las nuevas
movilizaciones en estos dos países no logran echar raíces y articular
proyectos nacionales alternativos, el espejo de Egipto podría reflejar
su propio futuro.
En México acontece algo similar. Nuestro país es también una potencia
mundial, con enormes recursos naturales y humanos, así como una
sociedad compleja y consciente, que ha sufrido los efectos de una
inserción desigual e injusta en el mundo
globalizado. Y de la misma manera en que los egipcios han expulsado dos dictadores del poder solamente para dar la bienvenida a sus viejos represores, en México la ciudadanía también ha repudiado dos veces a gobiernos autoritarios, primero al PRI en 2000 y después al PAN en 2012, para terminar en los brazos de la misma reacción de siempre.
Estos escenarios volverán a ocurrir una y otra vez si no se
construye una oposición política fuerte y con profundas raíces en la
sociedad civil. También hacen falta nuevos liderazgos que surjan
directamente de la sociedad sin vinculación alguna con las viejas sectas
y rencillas políticas. Ya basta de circular y rehabilitar los mismos
cuadros que han disputado el poder desde siempre. Habría que iniciar la
larga marcha de apalancar los grandes éxitos de los movimientos
populares de las últimas décadas para dar paso a una fase ofensiva capaz
de generar nuevas coyunturas, escenarios y liderazgos.
La lucha será difícil porque los institutos electorales del país han
demostrado que son incapaces de imponer el estado de derecho y la plena
libertad del voto. Más de un año después de las elecciones federales de
2012, el IFE no ha podido ni siquiera culminar su proceso de
fiscalización. En franca violación a la ley, ha postergado por una
segunda ocasión su resolución en la materia, dejando impunes la infinidad de irregularidades cometidas el año pasado.
Asimismo, la Unidad de Fiscalización del IFE ha formulado la
increíble e indignante propuesta de absolver a Enrique Peña Nieto de las
denuncias de haber rebasado el tope de gasto de campaña de 336 millones
de pesos. Así como en 1988 la Secretaría de Gobernación maquilló los
resultados para asegurar que la votación de Carlos Salinas fuera
técnicamente mayoritaria, con 50.36% de la votación, hoy el IFE cuadra
las cifras para garantizar que el monto total que hubiera gastado Peña
Nieto quede 6 millones abajo del tope permitido. Permanece la cultura
del fraude y se confirma la sospecha de que para ganar elecciones no
importa la capacidad de gobernar, sino solamente la efectividad para
simular.
Mientras, la posición del gobierno de Peña Nieto con respecto al
renovado imperialismo estadunidense corroe su ya de por sí mermada
legitimidad. Los pusilánimes pronunciamientos y la total inacción frente
a los casos del secuestro de Evo Morales, el espionaje de Washington y
la eventual militarización de la frontera norte revelan un gobierno que
no tiene interés alguno en defender la soberanía nacional ni
latinoamericana.
Existe una gran oportunidad histórica para llenar el vacío de
legitimidad generado por la traición de los políticos y las
instituciones a la Constitución, la democracia y la soberanía. El futuro
político de México dependerá de la articulación de un fuerte y
coordinado frente social opositor que, a partir de una estrategia
coordinada internacionalmente, desplace a los viejos políticos y
articule un nuevo proyecto de transformación nacional.
Del blog de John Ackerman, www.johnackerman.blogspot.com.
Del blog de John Ackerman, www.johnackerman.blogspot.com.
Sabes de qué estamos hablando, aquí encontrarás algunas opiniones de académicos sobre el proceso electoral de 2006 en México.
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