Gana, otra vez, el retroceso democrático…
La primera elección de Enrique Peña Nieto como Presidente de
la República dejó como saldo al menos 12 candidatos muertos, decenas de
heridos en atentados, secuestros, acarreos, sobornos…
Las
irregularidades denunciadas a tiempo volvieron a estar presentes el día
de la elección y empañaron de nuevo una jornada que debió ser de avance
hacia la civilidad y transparencia.
Lo que queda, al final, es
otra muestra de retroceso para la aspiración democrática de los
ciudadanos en México. Los partidos políticos, y los gobiernos federal y
estatales en turno, no están dispuestos a competir con honorabilidad y, a
partir de esto, es imposible fomentar y salvaguardar una saludable
participación ciudadana en las urnas.
Ayer, Gustavo Madero Muñoz,
presidente del Partido Acción Nacional (PAN), denunció que este proceso
electoral no sólo fue el más violento que se ha visto en el país, sino
también uno en el que los gobernadores metieron mano a placer –en
especial los del Partido Revolucionario Institucional (PRI)–, por lo que
México regresó en un tris a las prácticas de las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado.
El
dinero utilizado para financiar campañas más allá de lo permitido en la
ley y comprar votos, proveniente de los gobiernos e incluso del crimen
organizado –como también denunció el presidente nacional del Partido de
la Revolución Democrática (PRD), Jesús Zambrano Grijalva–, pervirtió de nuevo este proceso.
Otra
vez se puso en la mesa de discusión la importancia del dinero en la
política y su uso para corromper las conciencias de los votantes. Es un
tema que debe afrontarse con urgencia en una reforma política, que cree
mecanismos legales aún más férreos para que las autoridades electorales
cumplan verdaderamente con su misión de garantizar equidad y
transparencia en la competencia política.
Hoy por hoy, las
autoridades electorales, sea el Instituto Federal Electoral (IFE) o los
institutos locales, carecen de credibilidad por su inacción para
prevenir trampas y fraudes.
Más allá de que los resultados de este
domingo alterarán el futuro de las tres fuerzas políticas más
importantes del país (PRI, PAN y PRD) e incluso la permanencia como del
Pacto por México como fue concebido, las evidencias muestran que los
mecanismos legales y administrativos bajo los cuales funcionan los
partidos políticos y las autoridades electorales no funcionan, si
enfrente hay un gobierno –sea federal o estatal– sin voluntad política y
dispuesto a afianzarse en el poder cueste lo que cueste.
El
riesgo de llegar al poder en esta forma, con fraudes, irregularidades y
“carros completos”, es que la percepción de los ciudadanos y la opinión
pública no permiten legitimar a los gobiernos o, como en esta ocasión,
tampoco a las legislaturas electas. Además, se inhibe la participación
ciudadana, la competencia real y, por tanto, la creación de cultura
política en la sociedad mexicana.
Lo que dejan estos comicios es,
de nuevo, a ciudadanos frustrados, incapaces de convertirse en
defensores de las libertades democráticas, poco satisfechos con el
funcionamiento de sus gobiernos y, como consecuencia, escépticos de todo
tema relacionado con las instituciones políticas.
(Artículo aparecido en Casa de Citas, de SinEmbargo.com.mx, lunes 8 de julio de 2013).
La primera elección de
Enrique Peña Nieto como Presidente de la República dejó como saldo al
menos 12 candidatos muertos, decenas de heridos en atentados,
secuestros, acarreos, sobornos…
Las irregularidades denunciadas a tiempo volvieron a estar presentes el
día de la elección y empañaron de nuevo una jornada que debió ser de
avance hacia la civilidad y transparencia.
Lo que queda, al final, es otra muestra de retroceso para la aspiración
democrática de los ciudadanos en México. Los partidos políticos, y los
gobiernos federal y estatales en turno, no están dispuestos a competir
con honorabilidad y, a partir de esto, es imposible fomentar y
salvaguardar una saludable participación ciudadana en las urnas.
Ayer, Gustavo Madero Muñoz, presidente del Partido Acción Nacional
(PAN), denunció que este proceso electoral no sólo fue el más violento
que se ha visto en el país, sino también uno en el que los gobernadores
metieron mano a placer –en especial los del Partido Revolucionario
Institucional (PRI)–, por lo que México regresó en un tris a las
prácticas de las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado.
El dinero utilizado para financiar campañas más allá de lo permitido en
la ley y comprar votos, proveniente de los gobiernos e incluso del
crimen organizado –como también denunció el presidente nacional del
Partido de la Revolución Democrática (PRD), Jesús Zambrano Grijalva–,
pervirtió de nuevo este proceso.
Otra vez se puso en la mesa de discusión la importancia del dinero en la
política y su uso para corromper las conciencias de los votantes. Es un
tema que debe afrontarse con urgencia en una reforma política, que cree
mecanismos legales aún más férreos para que las autoridades electorales
cumplan verdaderamente con su misión de garantizar equidad y
transparencia en la competencia política.
Hoy por hoy, las autoridades electorales, sea el Instituto Federal
Electoral (IFE) o los institutos locales, carecen de credibilidad por su
inacción para prevenir trampas y fraudes.
Más allá de que los resultados de este domingo alterarán el futuro de
las tres fuerzas políticas más importantes del país (PRI, PAN y PRD) e
incluso la permanencia como del Pacto por México como fue concebido, las
evidencias muestran que los mecanismos legales y administrativos bajo
los cuales funcionan los partidos políticos y las autoridades
electorales no funcionan, si enfrente hay un gobierno –sea federal o
estatal– sin voluntad política y dispuesto a afianzarse en el poder
cueste lo que cueste.
El riesgo de llegar al poder en esta forma, con fraudes, irregularidades
y “carros completos”, es que la percepción de los ciudadanos y la
opinión pública no permiten legitimar a los gobiernos o, como en esta
ocasión, tampoco a las legislaturas electas. Además, se inhibe la
participación ciudadana, la competencia real y, por tanto, la creación
de cultura política en la sociedad mexicana.
Lo que dejan estos comicios es, de nuevo, a ciudadanos frustrados,
incapaces de convertirse en defensores de las libertades democráticas,
poco satisfechos con el funcionamiento de sus gobiernos y, como
consecuencia, escépticos de todo tema relacionado con las instituciones
políticas.
Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/08-07-2013/15765. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX
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Sabes de qué estamos hablando, aquí encontrarás algunas opiniones de académicos sobre el proceso electoral de 2006 en México.
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