lunes, julio 08, 2013

Gana, otra vez, el retroceso democrático…




La primera elección de Enrique Peña Nieto como Presidente de la República dejó como saldo al menos 12 candidatos muertos, decenas de heridos en atentados, secuestros, acarreos, sobornos…

Las irregularidades denunciadas a tiempo volvieron a estar presentes el día de la elección y empañaron de nuevo una jornada que debió ser de avance hacia la civilidad y transparencia.

Lo que queda, al final, es otra muestra de retroceso para la aspiración democrática de los ciudadanos en México. Los partidos políticos, y los gobiernos federal y estatales en turno, no están dispuestos a competir con honorabilidad y, a partir de esto, es imposible fomentar y salvaguardar una saludable participación ciudadana en las urnas.

Ayer, Gustavo Madero Muñoz, presidente del Partido Acción Nacional (PAN), denunció que este proceso electoral no sólo fue el más violento que se ha visto en el país, sino también uno en el que los gobernadores metieron mano a placer –en especial los del Partido Revolucionario Institucional (PRI)–, por lo que México regresó en un tris a las prácticas de las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado.

El dinero utilizado para financiar campañas más allá de lo permitido en la ley y comprar votos, proveniente de los gobiernos e incluso del crimen organizado –como también denunció el presidente nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Jesús Zambrano Grijalva–, pervirtió de nuevo este proceso.

Otra vez se puso en la mesa de discusión la importancia del dinero en la política y su uso para corromper las conciencias de los votantes. Es un tema que debe afrontarse con urgencia en una reforma política, que cree mecanismos legales aún más férreos para que las autoridades electorales cumplan verdaderamente con su misión de garantizar equidad y transparencia en la competencia política.
Hoy por hoy, las autoridades electorales, sea el Instituto Federal Electoral (IFE) o los institutos locales, carecen de credibilidad por su inacción para prevenir trampas y fraudes.

Más allá de que los resultados de este domingo alterarán el futuro de las tres fuerzas políticas más importantes del país (PRI, PAN y PRD) e incluso la permanencia como del Pacto por México como fue concebido, las evidencias muestran que los mecanismos legales y administrativos bajo los cuales funcionan los partidos políticos y las autoridades electorales no funcionan, si enfrente hay un gobierno –sea federal o estatal– sin voluntad política y dispuesto a afianzarse en el poder cueste lo que cueste.
El riesgo de llegar al poder en esta forma, con fraudes, irregularidades y “carros completos”, es que la percepción de los ciudadanos y la opinión pública no permiten legitimar a los gobiernos o, como en esta ocasión, tampoco a las legislaturas electas. Además, se inhibe la participación ciudadana, la competencia real y, por tanto, la creación de cultura política en la sociedad mexicana.

Lo que dejan estos comicios es, de nuevo, a ciudadanos frustrados, incapaces de convertirse en defensores de las libertades democráticas, poco satisfechos con el funcionamiento de sus gobiernos y, como consecuencia, escépticos de todo tema relacionado con las instituciones políticas.

(Artículo aparecido en Casa de Citas, de SinEmbargo.com.mx, lunes 8 de julio de 2013).
La primera elección de Enrique Peña Nieto como Presidente de la República dejó como saldo al menos 12 candidatos muertos, decenas de heridos en atentados, secuestros, acarreos, sobornos… Las irregularidades denunciadas a tiempo volvieron a estar presentes el día de la elección y empañaron de nuevo una jornada que debió ser de avance hacia la civilidad y transparencia. Lo que queda, al final, es otra muestra de retroceso para la aspiración democrática de los ciudadanos en México. Los partidos políticos, y los gobiernos federal y estatales en turno, no están dispuestos a competir con honorabilidad y, a partir de esto, es imposible fomentar y salvaguardar una saludable participación ciudadana en las urnas. Ayer, Gustavo Madero Muñoz, presidente del Partido Acción Nacional (PAN), denunció que este proceso electoral no sólo fue el más violento que se ha visto en el país, sino también uno en el que los gobernadores metieron mano a placer –en especial los del Partido Revolucionario Institucional (PRI)–, por lo que México regresó en un tris a las prácticas de las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado. El dinero utilizado para financiar campañas más allá de lo permitido en la ley y comprar votos, proveniente de los gobiernos e incluso del crimen organizado –como también denunció el presidente nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Jesús Zambrano Grijalva–, pervirtió de nuevo este proceso. Otra vez se puso en la mesa de discusión la importancia del dinero en la política y su uso para corromper las conciencias de los votantes. Es un tema que debe afrontarse con urgencia en una reforma política, que cree mecanismos legales aún más férreos para que las autoridades electorales cumplan verdaderamente con su misión de garantizar equidad y transparencia en la competencia política. Hoy por hoy, las autoridades electorales, sea el Instituto Federal Electoral (IFE) o los institutos locales, carecen de credibilidad por su inacción para prevenir trampas y fraudes. Más allá de que los resultados de este domingo alterarán el futuro de las tres fuerzas políticas más importantes del país (PRI, PAN y PRD) e incluso la permanencia como del Pacto por México como fue concebido, las evidencias muestran que los mecanismos legales y administrativos bajo los cuales funcionan los partidos políticos y las autoridades electorales no funcionan, si enfrente hay un gobierno –sea federal o estatal– sin voluntad política y dispuesto a afianzarse en el poder cueste lo que cueste. El riesgo de llegar al poder en esta forma, con fraudes, irregularidades y “carros completos”, es que la percepción de los ciudadanos y la opinión pública no permiten legitimar a los gobiernos o, como en esta ocasión, tampoco a las legislaturas electas. Además, se inhibe la participación ciudadana, la competencia real y, por tanto, la creación de cultura política en la sociedad mexicana. Lo que dejan estos comicios es, de nuevo, a ciudadanos frustrados, incapaces de convertirse en defensores de las libertades democráticas, poco satisfechos con el funcionamiento de sus gobiernos y, como consecuencia, escépticos de todo tema relacionado con las instituciones políticas.

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/08-07-2013/15765. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX